viernes, 2 de diciembre de 2011

"Impone tu suerte, encierra tu felicidad y ve hacia tu riesgo.

A mirarte, ellos se acostumbrarán."
René Char



¿qué es aquello que me obliga
a persistir en ese haz de luz
encandilada
por el movimiento en mi máxima quietud?

¿aquello que no me permite detenerme
en la pura paciencia del tiempo
viendo el haz de luz fuera de mí?

con cada bocado visible se recibe también
un bocado invisible y agotada
la energía del alimento hace una inercia
deliciosa y obscena que me mantiene
iluminada:
oscilo en la imprecisa claridad

como la luna blanca     blanca de una
luz que no le pertenece       destinada
a emanaciones de luz    sonora
me consumo
¿qué es aquello: sistema o constelación
fluidos    que la palabra enciende
y apaga el dolor el amor o nada?

¿qué obliga   más  que el placer
a girar y girar   en la ilusión
de poder que da el ojo de la mosca: ser
un fractal     en el universo reducido
de las voluntades?

a persistir en el deseo
de arder y hacer afuera combustión 
me lleva el hambre
¿y que es aquello    que me da
primera necesidad    de luz y luz?


  LILIANA LUKIN
Poeta, escritora argentina. Licenciada en Letras por la Universidad de Buenos. Publicó Abracadabra (Plus Ultra, 1978), Malasartes (Galerna, 1981), Descomposición (De la Flor, 1986), Cortar por lo sano (Ediciones Culturales Argentinas, 1987), Carne de tesoro (Sudamericana 1990), Cartas (De la Flor, 1992), Construcción comparativa ( plaqueta, Ediciones Delanada, 1998) y Las preguntas (De la Flor, 1998). (J.A.)
OBRA REUNIDA (1978-2008)

domingo, 18 de septiembre de 2011

MANUEL MAPLES ARCE




PRISMA
Yo soy un punto muerto en medio de la hora,
equidistante al grito náufrago de una estrella.
Un parque de manubrio se engarrota en la sombra,
y la luna sin cuerda
me oprime en las vidrieras.
Margaritas de oro
deshojadas al viento.

La ciudad insurrecta de anuncios luminosos
flota en los almanaques,
y allá de tarde en tarde,
por la calle planchada se desangra un eléctrico.

El insomnio, lo mismo que una enredadera,
se abraza a los andamios sinoples del telégrafo,
y mientras que los ruidos descerrajan las puertas,
la noche ha enflaquecido lamiendo su recuerdo.

El silencio amarillo suena sobre mis ojos.
Prismal, diáfana mía, para sentirlo todo!

Yo departí sus manos,
pero en aquella hora
gris de las estaciones,
sus palabras mojadas se me echaron al cuello,
y una locomotora
sedienta de kilómetros la arrancó de mis brazos.

Hoy suenan sus palabras más heladas que nunca.
Y la locura de Edison a manos de la lluvia!

El cielo es un obstáculo para el hotel inverso
refractado en las lunas sombrías de los espejos;
los violines se suben como la champaña,
y mientras las orejas sondean la madrugada,
el invierno huesoso tirita en los percheros.

Mis nervios se derraman.

La estrella del recuerdo

naufragaba en el agua
del silencio.
Tú y yo

Coincidimos

en la noche terrible,

meditación temática
deshojada en jardines.

Locomotoras, gritos,
arsenales, telégrafos.

El amor y la vida
son hoy sindicalistas,

y todo se dilata en círculos concéntricos.


(Andamios Interiores, 1922)




URBE
(fragmento)

IV
Entre los matorrales del silencio
la oscuridad lame la sangre del crepúsculo.
Las estrellas caídas
son pájaros muertos
en el agua sin sueño
del espejo.

Y las artillerías
sonoras del atlántico
se apagaron,
al fin,
en la distancia.








            Sobre la arboladura del otoño,
            sopla un viento nocturno:
            es el viento de Rusia,
            de las grandes tragedias,

y el jardín;
amarillo,
se va a pique en la sombra.
súbito, su recuerdo
chisporrotea en los interiores apagados.
          Sus palabras de oro
          criban en mi memoria.

Los ríos de las blusas azules
desbordan las esclusas de las fábricas
y los árboles agitadores
manotean sus discursos en la acera.

Los huelguistas se arrojan
pedradas y denuestos,
y la vida es una tumultuosa
conversión hacia la izquierda.

Al margen de la almohada,
la noche es un despeñadero;
y el insomnio
se ha quedado escarbando en mi cerebro

¿De quién son esas voces
que sobrenadan en la sombra?
          Y estos trenes que aúllan
          hacia los horizontes devastados.Los soldados
          dormirán esta noche en el infierno.

Dios mío,
y de todo este desastre
sólo unos cuantos pedazos
blancos,
de su recuerdo,
se me han quedado entre las manos.


Manuel Maples Arce, poeta, diplomático y escritor mexicano (1900-1980). Iniciador y principal difusor del estridentismo. En 1920, publica "Tintas de abanico" pero es en 1922 con su libro "Andamios interiores" que hace uso de un lenguaje vanguardista.



En el primer manifiesto, el Actual, No. 1, recapitulaba y citaba muchos de los preceptos del futurismo, del dadá, del ultraísmo y del creacionismo.
"...El aporte principal era la nueva imagen, pero en vez de que el poema se convirtiera en una simple sucesión de imágenes sin nexo alguno entre ellas, como el creacionismo, se buscaba alguna relación que diera unidad al poema". (Entrevista a: Manuel Maples Arce, Juan Cervera Sanchís, publicado en Tierra Húmeda.)
En 1924 publicó "Urbe" y, a partir de "Memorial de la sangre" (1947) entró en un realismo social más comprometido. La semilla del tiempo (1971) recoge los poemas de distintas épocas de su vida.

Obra en prosa: "A la orilla de este río" 1964 (autobiografía). "El paisaje en la literatura mexicana" (1945), "El arte mexicano moderno" (1945), "Peregrinación por el arte de México" (1952), "Incitaciones y valoraciones" (1957) y "Ensayos japoneses" (1959).

Fuente consultada: Seminario, vanguardia de los años 20, Jorge Boccanera.
Entrevista a: Manuel Maples Arce, Juan Cervera Sanchís, publicado en Tierra Húmeda.


lunes, 12 de septiembre de 2011

AL MOTOR MARAVILLOSO



















Yo que canté un día
la belleza violenta y la alegría
de las locomotoras y de los aeroplanos,
qué serpentina loca le lanzaré hoy al mundo
para cantar tu arcano,
tus vivos cilindros sonámbulos, tu fuego profundo.
¡Oh, tú, el motor oculto de mi alma y de mis manos!
¡Qué llama enloquecida se enreda en tus fogones
y hace girar la rueda líquida de la sangre
y atiranta las poleas de los músculos
para mecer los columpios súbitos de las sensaciones,
cuando corro, beso, anhelo, callo, sufro, espero, miro,
salta mi alma en una loca carcajada,
floto en sedas de suspiro
o en el charco solitario de la sombra en que me estiro
se me copia el corazón como una estrella desolada!
Y qué electricidades
se me van por los alambres calientes de los nervios
hasta el cerebro, caja de las velocidades,
azules y negras y rejas de todos los sueños...
Zumba la turbina sutil de hondos dolores
y saltan imágenes,
y hacia donde ya no alcanza el ojo triste
con sus sedientas ruedas de colores
corre el tren de las imágenes...
Y qué émbolos oscuros se agitan sin cesar,
y que carbón jadeante de soles escondidos
a todo vapor, a todo vapor,
te hace andar
cuando se me hincha el corazón de una salvaje alegría
o se me quiere romper el dolor
y de melancolía.
Motor humano: tú eres
la única maravilla de este mundo doloroso,
por tu inmortal prodigio: el beso de las mujeres,
el pensamiento firme y armonioso,
la palabra que salta rotunda, patética y viva
por la célula furtiva
que trabaja en sus telares nuestro ritmo misterioso;
teje un día la Esperanza,
otro día el sufrimiento,
otro día la alegría.
Yo siento
cuando queda tensa y viva sobre mi alma la Energía,
¡Motor de la explosión de toda la vida mía!
Hondo motor que haces de mi cólera y mi llanto
mi callada pasión y mi fuerza y mi canto,
más ligero,
más ligero,
con la carga de esperanza que es mi única conquista:
tú, la máquina del único sendero sin sendero;
yo, tu alado y sangriento maquinista.




Juan Parra del Riego (1894-1925) Poeta peruano. Identificado con los movimientos literarios de vanguardia, principalmente el futurismo. En el año 1916, formó parte de un grupo de intelectuales al que él denominó “La Bohemia de Trujillo “, y que la integraron César Vallejo, Haya de la Torre, Alcides Spelucín, entre otros. En 1921 se casó con la joven poeta Blanca Luz.
Fuente consultada: Vanguardia de los años 20, Jorge Boccanera.


    domingo, 24 de julio de 2011

    Aquí pasaba a pie por estas calles,sin empleo ni puesto y sin un peso...Epitafio para Joaquín Pasos (Ernesto Cardenal - Joan Manuel Serrat)



    Canción de cama

    Este gozo de alcoba, tan de lino, lleno de sábanas,
    este palpitar de almohadas bajo las sienes dormidas,
    este nuevo llegar hasta el corazón de la cama
    y luego saber que el pie, la mano, lo que a uno le queda
    de pecho, busca, dice, escribe, grita tu nombre,
    y cualquiera siente el momento que se aproxima de
    morir acostado.
    ¿Qué es esto si no la ausencia de tu sueño,
    la pérdida de tu respiración a mi lado?
    Se ha perdido ya el hueco de tu cuerpo
    que era la voz de tu carne desnuda hablándote
    intimamente a la ropa planchada,
    diciéndole a qué horas el brazo servirá de almohada
    y cómo el tibio vientre palpitaría como otra almohada
    viva, funda de seda de nervios y de sangre.


    Poema inmenso

    En estas tardes tu perfil no tiene línea precisa 
    pues no hay un límite en tu gesto para el principio de 
    tu sonrisa 
    pero de repente está en tu boca y no se sabe cómo se filtra 
    y cuando se va nunca se puede decir si está allí todavía 
    lo mismo que tu palabra de la cual jamás oímos la primera 
    sílaba 
    y nunca terminamos de escuchar lo que decías 
    porque estás tan cercana en esta lejanía que es inútil preguntar cuándo vino tu venida 
    pues entonces nos parece que has estado aquí toda la vida 
    con esa voz eterna, con esa mirada continua, 
    con ese contorno inmarcable de tu mejilla, 
    sin que podamos decir aquí comienza el aire y aquí la carne 
    viva, 
    sin conocer aún dónde fuiste verdad y no fuiste mentira, 
    ni cuándo principiaste a vivir en estas líneas, 
    detrás de la luz de estas tardes perdidas, 
    detrás de estos versos a los cuales estás tan unida, 
    que en ellos tu perfume no se sabe ni dónde comienza ni 
    dónde termina.    




    Oldmine 


    Me he encontrado detrás de los espejos                           
    allí donde hay museos de museos            
    y las antiguas corbatas se ahogan en silencio                    
    esa es mi cara, mi vieja cara nueva                              
    que yo clavaba en un bastón y la paseaba por las aceras
    y ésta es mi carne, la que era                                   
    transmitida por teléfono                                         
    empacada en lindas valijas de viaje                              
    pedida cablegráficamente por los salchicheros de Oxford
    y falsificada en los mejores restaurantes                        
    todo éste era yo                                                 
    ese muchacho con golilla de encaje                               
    que salía con Zurita los Jueves Santos
                  

    pero más tarde los automóviles me saludaban con agrado
    mientras las señoras conservaban
    sus pensamientos y sus cabellos peinados
    los señores serios siempre han tenido la manía
    de tirarse de atrás del pantalón de manera obscena
    mis ojos veían las rosas y estas costumbre
    me he encontrado detrás de los espejos
    allí donde hay museos de museos
    y las antiguas corbatas se ahogan en silencio
    esa es mi cara, mi vieja cara nueva
    que yo clavaba en un bastón y la paseaba por las aceras
    y ésta es mi carne, la que era
    transmitida por teléfono
    empacada en lindas valijas de viaje
    pedida cablegráficamente por los salchicheros de Oxford
    y falsificada en los mejores restaurantes
    todo éste era yo
    ese muchacho con golilla de encaje
    que salía con Zurita los Jueves s poco limpias
    adivinando los tristes secretos de las perfumadas
    descubriendo que en Palacio los W. C. están sucios
    entonces dispuse bajarme la tensión arterial
    y acomodarme a la imperfección de las locomotoras
    como se acomodó a los besos con bigotes la esposa del Káiser
    aquí están mis otros pies que se podían
    destornillar a discreción
    mis otras uñas, mis antiguas uñas que repartía
    cada domingo entre los pobres
    y estas orejas que permanecen adimentadas
    a mi cuerpo, buenos descubrimientos
    pero ya bastante primitivos como los gramófonos de rodillo.
    Aquí estoy lejos de Luxemburgo, mi país de pequeñas
    carreteras,
    de pequeños cielos, de pequeños esfuerzos, de
    pequeñas lágrimas, de pequeñas mujeres
    lejos de Dantzing, mi ciudad ciudad
    también lejos de Estela, lejos de toda
    vieja marca de cigarrillos
    lejos de lo lejos, de los faros, de las telefonistas y de
    los luceros
    cerca de esta ciudad alegre en la que se confunden los
    calcetines
    los hijos
    y se permite a las culebras llevar sombrilla
    cerca de mí mismo a una gran distancia
    cerca del horrible ruido de la gente que mascaba hielo
    cerca de los balidos de los espejos
    de este espejo detrás del cual me asalta un viejo gesto
    como asaltan a los que leen versos los gatos muertos. 




    Liebpostal


    Una casa. Un árbol. Un camino. Un perro.
    La casa blanca. El árbol verde. El camino plomo. El
    Perro negro.
    El árbol verde junto al camino plomo. El perro negro
    Junto a la casa blanca.
    El perro negro junto al camino plomo. El árbol verde
    Sobre la casa blanca.
    El camino plomo se aleja del árbol verde. El perro
    Negro entra en la casa blanca.
    Sin perro negro, sin camino plomo.
    Solos. Locos de gozo.
    El árbol verde y la casa blanca.   


    El poema que sigue:"Canto de guerra de las cosas" está considerado como el más importante de su producción.

    Cuando lleguéis a viejos, respetaréis la piedra,
    si es que llegáis a viejos,
    si es que entonces quedó alguna piedra.
    Vuestros hijos amarán al viejo cobre,
    al hierro fiel.
    Recibiréis a los antiguos metales en el seno de vuestras familias,
    trataréis al noble plomo con la decencias que corresponde a su
    carácter dulce;
    os reconciliaréis con el zinc dándole un suave nombre;
    con el bronce considerándolo como hermano del oro,
    porque el oro no fue a la guerra por vosotros,
    el oro se quedó, por vosotros, haciendo el papel de niño mimado,
    vestido de terciopelo, arropado, protegido por el resentido acero…
    Cuando lleguéis a viejos, respetaréis al oro,
    si es que llegáis a viejos,
    si es que entonces quedó algún oro.

    El agua es la única eternidad de la sangre.
    Su fuerza, hecha sangre. Su inquietud, hecha sangre.
    Su violento anhelo de viento y cielo,
    hecho sangre.
    Mañana dirán que la sangre se hizo polvo,
    mañana estará seca la sangre.
    Ni sudor, ni lágrimas, ni orina
    podrán llenar el hueco del corazón vacío.
    Mañana envidiarán la bomba hidráulica de un inodoro palpitante,
    la constancia viva de un grifo,
    el grueso líquido.
    El río se encargará de los riñones destrozados

    y en medio del desierto los huesos en cruz pedirán en vano que
    regrese el agua a los cuerpos de los hombres.
    Dadme un motor más fuerte que un corazón de hombre.
    Dadme un cerebro de máquina que pueda ser agujereado sin dolor.
    Dadme por fuera un cuerpo de metal y por dentro otro cuerpo de metal
    igual al del soldado de plomo que no muere,
    que no pide, Señor, la gracia de no ser humillado por tus obras,
    como el soldado de carne blanducha, nuestro débil orgullo,
    que por tu día ofrecerá la luz de sus ojos,
    que por tu metal admitirá una bala en su pecho,
    que por tu agua devolverá su sangre.
    Y que quiere ser como un cuchillo, al que no puede herir otro cuchillo.

    Esta cal de mi sangre incorporada a mi vida
    será la cal de mi tumba incorporada a mi muerte,
    porque aquí está el futuro envuelto en papel de estaño,
    aquí está la ración humana en forma de pequeños ataúdes,
    y la ametralladora sigue ardiendo de deseos
    y a través de los siglos sigue fiel el amor del cuchillo a la carne.
    Y luego, decid si no ha sido abundante la cosecha de balas,
    si los campos no están sembrados de bayonetas,
    si no han reventado a su tiempo las granadas…
    decid si hay algún pozo, un hueco, un escondrijo
    que no sea un fecundo nido de bombas robustas;
    decid si este diluvio de fuego líquido
    no es más hermoso y más terrible que el de Noé,

    sin que haya un arca de acero que resista
    ni un avión que regrese con la rama de olivo!
    Vosotros, dominadores del cristal, he aquí vuestros vidrios confundidos.
    Vuestras casas de porcelana, vuestros trenes de mica,
    vuestras lágrimas envueltas en celofán, vuestros corazones de bakelita,
    vuestros risibles y hediondos pies de hule,
    todo se funde y corre al llamado de guerra de las cosas,
    como se funde y escapa con rencor el acero que ha sostenido una estatua.
    Los marineros están un poco excitados. Algo les turba su viaje.
    Se asoman a la borda y escudriñan el agua,
    se asoman a la torre y escudriñan el aire.
    Pero no hay nada.
    No hay peces, ni olas, ni estrellas, ni pájaros.
    Señor capitán, a dónde vamos?
    Lo sabremos más tarde.
    Cuando hayamos llegado.
    Los marineros quieren lanzar el ancla,
    los marineros quieren saber qué pasa.
    Pero no es nada. Están un poco excitados.
    El agua del mar tiene un sabor más amargo,
    el viento del mar es demasiado pesado.
    Y no camina el barco. Se quedó quieto en medio del viaje,
    los marineros se pregunta ¿qué pasa? Con las manos,
    han perdido el habla.
    No pasa nada. Están un poco excitados.
    Nunca volverá a pasar nada. Nunca lanzarán el ancla.

    No había que buscarla en las cartas del naipe ni en los juegos de la
    cábala.
    En todas las cartas estaba, hasta en las de amor y en las de navegar.
    Todos los signos llevaban a su signo.
    Izaba su bandera sin color, fantasma de bandera para ser pintada con
    colores de sangre de fantasma,
    bandera que cuando flotaba al viento parecía que flotaba al viento.
    Iba y venía, iba en el venir, venía en el yendo, como que si fuera
    viniendo.
    Subía, y luego bajaba hasta en medio de la multitud y besaba a cada
    hombre.
    Acariciaba cada cosas con sus dedos suaves de sobadora de marfil.
    Cuando pasaba un tranvía, ella pasaba en el tranvía;
    cuando pasaba una locomotora, ella iba sentada en la trompa.
    Pasaba ante el vidrio de todas las vitrinas,
    sobre el río de todos los puentes,
    por el cielo de todas las ventanas.
    Era la misma vida que flota ciega en las calles como una niebla
    borracha.
    Estaba de pie junto a todas las paredes como un ejército de
    mendigos,
    era un diluvio en al aire.
    Era tenaz, y también dulce, como el tiempo.
    Con la opaca voz de un destrozado amor sin remedio,
    con el hueco de un corazón fugitivo,
    con la sombra del cuerpo
    con la sombra del alma, apenas sombra de vidrio,
    con el espacio vacío de una mano sin dueño,
    con los labios heridos

    con los párpados sin sueño,
    con el pedazo de pecho donde está sembrado el musgo del
    resentimiento y el narciso,
    con el hombro izquierdo
    con el hombro que carga las flores y el vino,
    con las uñas que aún están adentro y no han salido,
    con el porvenir sin premio con el pasado sin castigo,
    con el aliento,
    con el silbido,
    con el último bocado de tiempo, con el último sorbo de líquido
    con el último verso del último libro.
    Y con lo que será ajeno. Y con lo que fue mío.
    Somos la orquídea del acero,
    florecimos en la trinchera como el moho sobre el filo de la espada,
    somos una vegetación de sangre,
    somos flores de carne que chorrean sangre,
    somos la muerte recién podada
    que florecerá muertes y más muertes hasta hacer un inmenso jardín
    de muertes.
    Como la enredadera púrpura de filosa raíz,
    que corta el corazón y se siembra en la fangosa sangre
    y sube y baja según su peligrosa marea.
    Así hemos inundado el pecho de los vivos,
    somos la selva que avanza.
    Somos la tierra presente. Vegetal y podrida.
    Pantano corrompido que burbujea mariposas y arco iris.


    Joaquín Pasos, poeta nicaragüense, (1914-1947 ), integró desde muy joven el “Movimiento de Vanguardia” junto a José Coronel Urtecho, Pablo Antonio Cuadra, entre otros.
    Colaboró con las revistas: Opera bufa, Centro, Los Lunes de la Nueva Prensa y en el periódico La Reacción. En 1939 escribe junto a José Coronel Urtecho: “Chinfonía burguesa”, conjuntos de poemas que más tarde ampliaron y convirtieron en una obra de teatro bufo. Murió a los treinta y tres años; antes de morir, dejó corregido sus poemas, una selección poética agrupada en: Poemas de un joven que no ha viajado nunca; Poemas de un joven que no ha amado nunca; Poemas de un joven que no sabe inglés; y Misterio indio.

    En 1962 Ernesto Cardenal realizó una nueva antología más completa bajo el título de "Poemas de un joven".

    Fuente consultada: Seminario, vanguardia de los años 20, Jorge Boccanera
    La foto que encabeza esta publicación pertenece a la obra gráfica "100 fotografías de Juan Rulfo".

    miércoles, 25 de mayo de 2011

    Entonces, de La torre de Timón











    "Sueño que sopla una violenta ráfaga de invierno sobre tus cabellos descubiertos, oh niña, que transitas por la nevada urbe monstruosa, a donde todavía joven espero llegar, para verte pasar. Te reconoceré al punto, no me sorprenderá tu alma atormentada y exquisita, tu cuerpo endeble ni tu azul mirada; he presentido tus manos delicadas y exangües, he adivinado tu voz que canta y tu gentil andar. El día de nuestro encuentro será igual a cualquiera de tu vida: te veré buscando paso entre la muchedumbre de transeúntes y carruajes que llena con su tumulto la calle y con su ruido el aire frío. La calle ha de ser larga, acabará donde se junten lejanas neblinas; la formará una doble hilera de casas sin ningún intervalo para viva arboleda; la harán más tediosa enormes edificios que niegan a la vista el acceso del cielo. Lejos de la ciudad nórdica estarán para entonces los pájaros que la alegraban con su canto y olvidado estará el sol; para que reine la luz artificial con su lívido brillo, lo habrán sepultado las nubes, cuyo horror aumenta la industria con el negro aliento de sus fauces.
    Entonces y allí será la última hora de esta mi juventud transcurrida sin goces. Habrá ido a experimentar en la ciudad extraña y septentrional la amargura de su despedida y el desconsuelo de su eterno abandono. Para sufrir el ocaso de la juventud ya estaré preparado por la partida de muchas ilusiones y el desvanecimiento de muchas esperanzas. En mi memoria dolerá el recuerdo de imposibles afectos y en mi espíritu pesará el cansancio de vencidos anhelos. Y ya no aspiraré a más: habré adaptado mis ojos al feo mundo, y cerrado mi puerta a la humanidad enemiga. Mi mansión será para otros impenetrable roca y para mí firme cárcel. Estoico orgullo, horrenda soledad habré alcanzado. En torno de mi frente flotarán los cabellos grises, grises cual la ceniza de huérfanos hogares.

    De lejos habré llegado con el eterno, hondo pesar, el que nació conmigo en el trópico ardiente y que me acompaña como la conciencia de vivir. Un pesar no calmado con la maravilla de los cielos de los mares nativos perpetuamente luminosos, ni con el ardor ecuatorial de la vida, que me ha rodeado exuberante y que sólo en mí languidece. Los años habrán pasado sin amortiguar esta sensibilidad enfermiza y doliente, tolerable a quien pueda tener la única ocupación de soñar, y que desgraciadamente, por el áspero ataque de la vida, es dentro de mi como una cuerda a punto de romperse en dolorosa tensión. La sensibilidad que del adverso mundo me hace huir al solitario ensueño, se habrá hecho más aguda y frágil al alejarse gravemente mi juventud con la pausada melancolía de la nave en el horizonte vespertino. Al encontrarse, quedaremos unidos por el convencimiento de nuestro destierro en la ciudad moderna que se atormenta con el afán del oro. Ese día, demasiado tarde, el último de mi juventud, en que despertarán, como fantasmas, recuerdos semi muertos al formar el invierno la mortaja de la tierra, será el primero de nuestro amor infinito y estéril. Unidos en un mismo ensueño, huiremos del mundo, cada día más bárbaro y avaro. Huiremos en un vuelo, porque nuestras vidas terminarán sin huellas, de tal modo que éste será el epitafio de nuestro idilio y de nuestra existencia; pasaron como sonámbulos sobre la tierra maldita. "




    La Verdad



    La golondrina conoce el calendario, divide el año por el consejo de una sabiduría innata. Puede prescindir del aviso de la luna variable.
    Según la ciencia natural, la belleza de la golondrina es el ordenamiento de su organismo para el vuelo, una proporción entre el medio y el fin, entre el método y el resultado, una idea socrática.
    La golondrina salva continentes en un día de viaje y ha conocido desde antaño la media del orbe terrestre, anticipándose a los dragones infalibles del mito.
    Un astrónomo desvariado cavilaba en su isla de pinos y roquedos, presente de un rey, sobre los anillos de Saturno y otras maravillas del espacio y sobre el espíritu elemental del fuego, el fósforo inquieto. Un prejuicio teológico le había inspirado el pensamiento del situar en el ruedo del sol el destierro de las almas condenadas.
    Recuperó el sentimiento humano de la realidad en medio de una primavera tibia. Las golondrinas habituadas a rodear los monumentos de un reino difunto, erigidos conforme una aritmética primordial, subieron hasta el clima riguroso y dijeron al oído del sabio la solución del enigma del universo, el secreto de la esfinge impúdica.
    Yo quisiera estar entre vacías tinieblas, porque el mundo lastima cruelmente mis sentidos y la vida me aflige, impertinente amada que me cuenta amarguras.
    Entonces me habrán abandonado los recuerdos: ahora huyen y vuelven con el ritmo de infatigables olas y son lobos aullantes en la noche que cubre el desierto de nieve.
    El movimiento, signo molesto de la realidad, respeta mi fantástico asilo; mas yo lo habré escalado del brazo con la muerte. Ella es una blanca Beatriz, y, de pies sobre el creciente de la luna, visitará la mar de mis dolores. Bajo su hechizo reposaré eternamente y no lamentaré más la ofendida belleza ni el imposible amor.




    Ramos Sucre (1890- 1930). Escritor venezolano, traductor  y diplomático.
    La obra poética de José Antonio Ramos Sucre ha desarrollado en las últimas décadas un proceso de revalorización crítica que ha culminado con su inclusión en el catálogo de la canónica “Colección Archivos” de literatura latinoamericana.
    Emparentado con la vanguardia, fue reconocido medio siglo después de su muerte, como uno de los poetas más originales y avanzados del siglo XX venezolano.

    Obras: Trizas de papel (1921), Sobre las huellas de Humboldt (1923), La torre de Timón (1925), 
    El cielo de esmalte (1929) y Las formas del fuego (1929).  

    Fuente consultada: Seminario Vanguardia de los años 20, Jorge Boccanera

    lunes, 25 de abril de 2011

    La carta de ciudadanía poética de Luis Vidales


    "Cuando llegué al café Windsor con mi poema bajo el ala, [Luis] Tejada sufrió un verdadero transporte. Subió sobre la mesa y echando a vuelo su sombrero de anchísimas alas, exclamó ante el estupor de los ganaderos de la Sabana, habituales, junto con nosotros, de ese único café de la Bogotá de entonces: "Carajo, todo el mundo a descubrirse,: acaba de nacer un gran poeta en Colombia". Fue esa mi carta de ciudadanía poética". Luis Vidales, El Espectador (1923).


    La música

    En el rincón
    oscuro del café
    la orquesta
    es un extraño surtidor.
    La música se riega
    sobre las cabelleras.
    Pasa largamente
    por la nuca
    de los borrachos dormidos.
    Recorre las aristas de los cuadros
    ambula por las patas
    de los asientos
    y de las mesas
    y gesticulante
    y quebrada
    va pasando a rachas
    por el aire turbio.
    En mi plato
    sube por el pastel desamparado
    y lo recorre
    como lo recorrería
    una mosca.
    Intensamente
    da vueltas en un botón
    de mi d'orsey.
    Luego -desbordada-
    se expande en el ambiente.
    Entonces todo es más amplio
    y como sin orillas...
    Por fin
    desciende la marea
    y quedan
    cada vez más lejanas
    más lejanas
    unas islas de temblor
    en el aire.



    El Hueco

    Mis versos dicen.
    Hueco
    único sitio habitable.
    Casas.
    Casas.
    Casas.
    Huecos interrumpidos por paredes y puertas.
    Huecos divididos en cuadros.
    Mi vida
    mi vida transeúnte
    está llena de las troneras
    de las horribles cavernas
    que las casas les hacen a los huecos.
    Y ya no puedo
    borrar en mí la sensación
    de los huecos de la ciudad
    encerrados en los cajones de los cuartos.


    El Paseo

    El cielo espejea entre los árboles.
    Los árboles se imaginan
    que están a orillas de un lago color violeta.
    Nosotros advertimos el engaño
    y a grandes voces espantamos a los árboles
    como si se tratara
    de unos altos pájaros verdes
    que hubieran escondido
    en el plumaje
    la otra pierna.
    Cuando volvemos a casa
    empieza a holgar en mi cabeza
    el sombrero de copa de la noche.

    Luis Vidales (1904-1990) Poeta, escritor y periodista colombiano. A los 22 años publicó "Suenan Timbres"; valorado por Borges y Huidobro, como el mejor y casi único poemario vanguardista en Colombia. Fundó el grupo "Los nuevos" y formó parte del grupo fundador del partido comunista en Colombia.
    Obras publicadas: Suenan Timbres (1916); Tratado de Estética (1945); La insurrección desplomada (1948); La circunstancia social en el arte (1973); Historia de la estadística en Colombia (1975); La Obreríada (1978); Poesía inédita (1982); El libro de los fantasmas (1985); Poemas del abominable hombre del barrio de Las Nieves (1985).


    Fuente consultada: Seminario, vanguardia de los años 20, Jorge Boccanera
    Página oficial del poeta Luis Vidales :
    http://luisvidales.blogspot.com/2008/06/rendn-y-sus-caricaturas-de-tejada-y.html

    miércoles, 6 de abril de 2011

    EL HOMBRE QUE SE COMIÓ UN AUTOBÚS



    El rascacielos es una jirafa de cemento armado
    con la piel manchada de ventanas.
    Una jirafa un poco aburrida
    porque no han brotado palmeras de 100 metros.
    Una jirafa empantanada en Andes y 18,
    incapaz de cruzar la calle,
    por miedo de que los autos
    se le metan entre las patas y le hagan caer.
    ¡Qué idea de reposo daría un rascacielos
    acostado en el suelo!
    Con casi todas las ventanas
    mirando cara al cielo.
    Y desangrándose por las tuberías
    del agua caliente
    y de la refrigeración.
    El rascacielos de Salvo
    es la jirafa de cemento
    que completa el zoológico edificio
    de Montevideo.

    .
    Los amores monstruosos



    El autobús desea, con todo su árbol y todo su diferencial,
    a la linda voiturette de armoniosas líneas.

    Poco a poco logra acercarse a su lado para
    arrullarla con la moderación del motor poderoso.

    La voiturette, espantada por aquel estruendo,
    pega un legítimo salto de hembra elástica y huye.

    De lejos, le hace adiós con el pañuelito azul del escape.

    El autobús la persigue de inmediato. En su atontamiento
    de paquidermo rijoso apenas salva los obstáculos
    del nervioso y minúsculo tránsito callejero.

    Persecución grotesca. Lo monstruoso detrás de lo alado.

    El autobús se devora a la linda voiturette con los
    ojos de todas sus ventanillas ambulantes.

    La voiturette se despereza con los brazos
    alargados de la velocidad.

    De repente, se detiene junto al cordón de la vereda.
    Hembra, al fin y al cabo, se ha emocionado
    con la persecución empeñosa del autobús.

    El autobús la ve detenida. Se le allega todo
    sudoroso; cayéndosele la baba hirviente por el tapón
    del radiador; todos los vidrios conmovidos; húmedos
    el parabrisas, los guardabarros temblorosos; los ojos
    de los faros desorbitados.

    Va a detenerse. Pero -exigencias del trabajo-, el
    embrague le hace seguir de largo. ¡La norma! El
    autobús es para trabajar y no para enamorar
    voiturettes por las calles.

    Entonces el pobre monstruo padece angustia rabiosa.
    Una rabia que se condensa en miradas de
    odio rojo que larga por los faroles posteriores.




    LAVANDO NUBES

    El viento está lavando las nubes
    Toma una nube negra,
    la empapa en lluvia,
    la retuerce enseguida,
    la golpea contra el molino,
    nos moja el campo,
    lava el cielo,
    y sale la nube blanca,
    de negra que era,
    para ir a colgarse
    en el hilo del horizonte
    a secarse.




    EL ÁRBOL TACITURNO

    El árbol tenía un letrero
    que sólo los pájaros podían leer:
           "Se alquilan ramas para nidos"
    decían las letras
    que un hombre no hubiera podido leer.
    A pesar del anuncio
    ningún pájaro vino
    a hacer su nido
    en este árbol que muere de tristeza,
    gacha la cabeza,
    al borde del camino.



    Alfredo Mario Ferreiro
    De: "El hombre que se comió un autobús".

    Alfredo Mario Ferreiro, Poeta, periodista y humorista uruguayo (1899-1959). Integró las vanguardias literarias del siglo XX. A su poesía se la relacionó con el futurismo. "El único futurista que he conocido. No es como el declamador itálico Marinetti, un declamador de las máquinas ni un dominado por su envión o por su rapidez; es un hombre que se alegra de que haya máquinas. También de que haya viento y potros y vidas. Es decir la realidad le da gusto" escribió Jorge Luis Borges, en Revista SÍNTESIS, Buenos Aires, año I, No. 6, noviembre de 1927.


    Fuente consultada: Seminario, vanguardia de los años 20, Jorge Boccanera
    http://www.archivodeprensa.edu.uy/alfredo_mario_ferreiro/textos/sobre/borges.pdf