jueves, 21 de febrero de 2013

Autocrítica y otros poemas de Joaquín O. Giannuzzi






El sol ocupa toda la tarde.
Estoy solo y lìrico en la tarde.
Estoy hecho un amarillo poema perfecto
pero en lugar de escribirlo
enviudé mi juventud
me aseguré el tabaco y el café
una a una he chupado las costillas de la estética
Pero el jugo secreto no me fue revelado
No encuentro un personal sistema de lenguaje
Quiero decir un acto de escritura
Que mis contemporáneos interpreten adecuadamente mal.


El sapo

Al pie del agua de un verde inmóvil
había un sapo que dulcemnte ví
hace tiempo, en un verano,
y su forma contenía un posible mundo
desconocido, quizás semejante
a los vastos cielos de diciembre.
Pero el cielo mismo no se comprende en absoluto.
Estaba allí, reposado en la placidez
de su propia y espesa materia palpitante,
sensato como todas las cosas
que desde su centro aguardan
la disolución de sí mismas.
Me detuve y logré
alcanzar sus ojos con los míos
y pensé que, sin duda,
la perplejidad de ser estaba superada.
Consideré inútil otro
conocimiento. El sapo alcanzaba
una región más vasta,
no extraña precisamente sino
ajena, una manera
de sobrevivir lo exactamente necesario.
Precipitado, aventurado a la existencia,
como un sapo simplemente, más allá
de la belleza
que da paz y enloquece a los hombres
el único significado de todo eso
era la tranquila complacencia
de la húmeda piel verdosa,
vistiendo a un Dios obstinado
en la razón secreta de sí mismo.
Me inundó un colmado sosiego
y desmentí
la náusea y la muchedumbre de sabios
que desde Thales de Mileto
inclinan hacia el error
el tumulto precipitado bajo la frente.
Ante ese vana fatiga
permanecía idéntico a sí mismo
e infatigable además
el sapo que dulcemnte ví
hace tiempo, en un verano.



Crimen en el barrio

La policia se abrió paso
y procedió con pocas palabras.
El razonamiento conjeturaba que detrás de la puerta
algo había concluido. ¿Que podía agregarse
a la mujer con un balazo en la cabeza
y al hombre estupefacto
rechazando la realidad de su propia obra?
Sin embargo, nosotros esperábamos
en el último lugar que la lógica
hubiera elegido para esperar,
como espectadores que permanecen en el teatro
ya caído el telón y borrado el escenario.
Pensé en la tarde remota de la pareja.
Donde ahora había sangre
se amontonaron las dulces frases
con que todo empezó, un poco torpemente,
cuando ya mismo era tarde para quitarles el significado.
Ahora me pregunto qué hacemos aquí
me pregunto por qué hay esperanza todavía,
en qué trama estamos aprisionados
cuando la fe se detuvo al comienzo del drama
y volvió codiciosa después del último acto.
No hay empresa terminada
en este oficio de locos que pide materia viviente
y emplea el amor, habitaciones, papeles, jardines,
para recuperar lo que la mente considera irrecuperable;
aunque el cáncer se instale entre el esposo y la esposa
y suene un revólver emtre una mujer y un hombre.

Teólogo en la ventana y otros poemas
Joaquìn O. Giannuzzi
Selección y prólogo: Jorge Fondebrider
Los grandes Poetas, Centro Editor de América Latina
Ilustración: Charles Lantero

Joaquìn O. Giannuzzi (1924- 2004). Poeta, crítico literario y periodista argentino. En palabras de Jorge Fondebrider, Gianuzzi llevó a cabo, con inusual rigor, una de las más atípicas obras de la poesía argentina contemporánea.
Recibió el Premio Fondo Nacional de las Artes, el Premio Municipal y el Premio Nacional de Poesía, entre otros.
Recuerdo haber leído una nota en N escrita por Fabian Casas a próposito de la edición de Un arte callado,  libro que recopila los poemas inéditos de Joaquín Giannuzzi, "Recordé que los grandes poetas, si realmente lo son, cuando llegan al final de su vida logran el milagro alquímico de construir un doble. Cuya finalidad es recordarnos que ellos están ahí, dando vueltas en un universo paralelo que, cuando menos lo esperamos, puede irrumpir en nuestro mundo.

Libros publicados: Nuestros días mortales (1958), Contemporáneos del mundo(1962), Las condicones de la época (1967), Señales de un causa personal (1977), Principios de incertidumbre (1980), Violín obligado (1984), Cabeza final (1991), textos reunidos en su Obra poética (2000), con el valioso agregado de un nuevo libro hasta entonces inédito: Apuestas en lo oscuro y, el libro póstumo editado por Ediciones del Dock Un arte callado (2008).


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