ME DA FRÍO




Estornudo los virus verbales que se estrellan como gases lacrimógenos en los ojos mediáticos del mundo.

Me dan frío, los derrames de petróleo en los mares en que yacen los poemas dormidos de Alfonsina.

Estornudo espermicida, esmog, cadmio, plomo que envenena como un río de ojos muertos. Lluvia ácida.

Me dan frío, Corea y el tío Sam anunciándole a los dientes su blancura refrescante.
                                                
Estornudo arenques muertos en las playas de Noruega, Sarpa salpa en arenas Gaditanas de Rota, pejerreyes y camarones en el lago celestísimo San Roque.

Me da frío la tala de árboles donde lloran decapitados los poemas humanos de Vallejo.

Me da oído su silbido desgarrado:

Sea su aire nuestro aire.

Sea su carne nuestro abrigo.

Sea su tronco donde estriben los pájaros su canto.

Sean sus hojas el enjambre labrado de los vientos.

Sea su pecho donde escriba el amor su biografía.




Eva Ruiz
Imagen: Remembrance of a Garden de Paul Klee






El PRIMER INSTANTE







El primer instante, la primera corteza. Su irrumpir, su primer esfuerzo, el primer desgano, la penumbra que la precede, el primer claro, su condición temeraria, la centella que lo echa a rodar.
Se frota una intensidad con una luz absurda, se toma entre los dedos la nostalgia, lo inconcluso, el olvido, la sangre, el  resplandor,  el tiempo y los rayos emergen como esperma para fecundar la voluntad. Es su célula primigenia, su germen, su comunicación con lo vedado, su comprensión de la Esfinge, su fosforescencia en la carnosidad del deseo.

Como luces, se encienden en la noche y nos llaman para crear el mundo que alguna vez imaginamos.



Eva Ruiz
Imagen: Paul Klee, "Remembrance Sheet of a Conception"







Diario de época





La mañana azul, sus joyas de oro,
desmienten que haya hambre, guerra
o tornado en el planeta.

Cada pequeña rama se entrega al canto cromático de los pájaros.

Con esa lozanía dice que puede, así sin estridencia,
desnudo el pecho
                              la vida.


Eva Ruiz
Imagen: Paul Klee, El mensaje del otoño.


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