jueves, 6 de agosto de 2020

“Tocar el cielo oscuro, un lenguaje encantado para un mundo desencantado”, obra reunida de Paulina Vinderman




Paulina Vinderman, (Buenos Aires, 1944). Poeta, traductora, una de las voces poéticas más lúcida y reconocida de la poesía argentina contemporánea. Recientemente, ganadora del premio Alfonsina Storni, que cada diez años concede la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires a la trayectoria de un/a poeta. Irma Verolín, integrante del jurado, en la nota "La construcción del espacio y el imaginario argentino en la poesía de Paulina Vinderman" publicada en la revista digital, Mediaisla, reflexiona: "La imagen en la poesía de Paulina Vinderman opera por saturación de significación, es no solo un abarrotamiento del sentido, son poemas en los que la belleza parece estallar".

Si tuviera que hablar, específicamente, de la pluma de Paulina Vinderman no sabría si decir pluma o pincel o vara de encantamiento, porque muchos de sus poemas son magistrales pinturas, además música, además como ella misma dice “un lenguaje encantado para un mundo desencantado”.

Quizá su condición de viajera Incansable, recorriendo el continente desde la Patagonia hasta México; del otro lado del océano, desde Europa hasta Finlandia, le fue ampliando la respiración hasta hacerla decir “creo que, en el fondo, escribo un poema largo, un único poema” e ir adentrándose en un tono más existencial en sus libros más recientes, pero siempre con esa maravillosa cercanía de la que hablaba Borges, característica lograda desde su primer libro, editado en plena dictadura cívico-militar (1976-1983). Celebrado por poetas de reconocido prestigio como Edgar Bayley, Raúl Gustavo Aguirre, Antonio Requeni, Joaquín Giannuzzi  y con el cual descubrió, “en esa época aciaga, la fuerza de la palabra, su capacidad de subrayar lo esencial, su poder (ese al que tanto temen los tiranos), su agua de resistencia”, como lo expresa en una entrevista que le realizó Augusto Munaro, con el título de “La Poesía, un Juego Mayor”.

Su solidez lírica acuña una voz personal y diáfana desde el comienzo de su obra que fue sumando estructuras más complejas y, en sus libros más recientes, un sobrio interés por la trascendencia metafísica, un afianzamiento del “rasgo pictórico de sus poemas”, como señala Nicolás Igolnikov en su reseña, “Tocar el cielo oscuro", Obra reunida de Paulina Vinderman“

“Su poesía lleva consigo el peso –el dolor y la furia- de la existencia” señala Maria Malusardi en el prólogo de su obra reunida, “Tocar el cielo oscuro” y, en ella encontramos memoria, desolación, desplazamientos, tristeza, objetos nimios como tazas de té, soledad, trenes, habitaciones de hoteles, bares, epístolas, sueño, pinturas, una novela que no llega a ser, exploración del quehacer poético y un consecuente reconocimiento de la imposibilidad, sustancia con la que  consigue hacer visible “esa luz de otro mundo”, de la que habla en su poema dedicado a Caravaggio, “a ese interrogante que arde más que si fuera una revelación”.

En la última parte del libro, como un tesoro escondido: “Cartas del búho", inédito hasta esta edición de sus 14 títulos reunidos por Alción Editora.

En Cartas del búho, Paulina Vinderman redobla la apuesta, y construye centros de interrelación con Holan, con Yeats, con Brodsky, con Rilke… ”. Lo luminoso y lo oscuro conviven en una poesía que se abre y se descubre a sí misma, “como las raras estrellas / mudas de tanto hablar sin que entendamos su código”, imantadas de verdad de la que habla Tagore “cuando veo la belleza siento la verdad”. Su poesía no busca ser hermosa, “la belleza anda por ahí como el polvo sobre los muebles”, con la potencialidad de su lenguaje poético, de “su caligrafía de bengalas puntillosas”.

“No quiere que sea el búho el que edifique / lo quiere lejos para amarlo más”. “Y viaja hacia la música”.

 

Poemas de "Tocar el cielo oscuro / Cartas del búho".

 

Encontré una tienda de pájaros y pianos.

En un país cálido y pobre que latía

como un corazón separado de su cuerpo.

Te escribí, sobre una partitura, unas líneas

que se fundían con lo siempre vivo.

¿Era poesía?

No lo sé.

Era una alegría lastimada.

Las patitas de mis letras semejaban flores

de hielo en ese verano sin verano.

“Cantan las aves del paraíso aunque no tengan

ninguna rama donde posarse.”

 

 

Una prisión arbolada no es una prisión.

Mi raíz se ufana al hermanarse

y puedo esperarte cuando la noche vuele

hacia la noche.

 

La ciudad sube al invierno con la lentitud

de un caracol.

 

Que el mundo se detenga para escribir.

¿Es eso?

 

“¿Me reconoces aire, lleno de los lugares*

que una vez fueron míos?”

 

Tu destino es amar sin saber, tu destino

es morir sin saber.


 

*¿Me reconoces aire….? Rainer María Rilke


Paulina Vinderman ha colaborado con  artículos y reseñas literarias en medios nacionales e Hispanoaméricanos, entre ellos La Nación, La Prensa, Clarín, Babel, "Diario de Poesía" o "Intramuros". Publicó en Feminaria, una revista de teoría feminista que se publicó desde 1988 hasta 2008. Entre los hispanoamericanos se cuentan El Espectador (Colombia), Hora de Poesía (España), Babel (Venezuela) o Hispamérica (USA), entre otras.

Premios Recibidos: Alfonsina Storni, de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires (2019), Primer Premio Municipal Ciudad de Buenos Aires (bienio 2002-2003), Premio Literario de la Academia Argentina de Letras, género Poesía, 2004-2006 a trayectoria y "Hospital de veteranos", Premio Citta' di Cremona 2006 al conjunto de su obra, Premio Anillo del Arte a mujeres notables 2006, Premio Letras de Oro 2002 a escritor destacado, de la Fundación Honorarte, Premios Fondo Nacional de las Artes 2002 y 2005, Premio Nacional Regional de la Secretaría de Cultura de la Nación (cuatrienio 93-96), Tercero y Segundo Premio Municipal Ciudad de Buenos Aires (bienios 88-89 y 98-99 respectivamente)

Libros publicados: Tocar el cielo oscuro - Obra reunida (Alción Editora, 2020); Cuaderno de dibujo (Alción Editora, 2017); Ciruelo (Alción Editora, 2014); La epigrafista (Hilos Editora, 2012); Bote negro (Vaso Roto Ediciones, España - México, 2010); Los gansos salvajes (Antología, Universidad Autónoma de Nuevo León, Posdata Ediciones, México, 2010); Bote negro (Alción Editora, 2010); El vino del atardecer (El suri porfiado, 2008); Hospital de veteranos (Alción Editora, 2006); Transparencias (Antología poética, Arquitrave Ediciones, Bogotá, Colombia, 2005); Cónsul honoraria, antología personal (Summa poética, ed. Vinciguerra, 2003); El muelle (Alción Editora, 2003); Bulgaria (Libros de Alejandría, 1998); Escalera de incendio (ed. Último Reino, 1994); Rojo junio (Literatura Americana Reunida, 1988); La balada de Cordelia (Fundación Argentina para la poesía, 1984); La mirada de los héroes (ed. Botella al Mar, 1982); La otra ciudad (ed. Botella al Mar, 1980); Los espejos y los puentes (ed. Buenos Aires Sur, 1978).




miércoles, 8 de julio de 2020

Adam Zagajewski, "Intenta celebrar el mundo mutilado"






Adam Zagajewski, 1945, nació en Lvov, Polonia, actualmente, Ucrania. Poeta, ensayista y traductor, pertenece a la llamada generación de poetas del  98, caracterizada por su compromiso político, junto a Julian Kornhauser, Ewa Lipska, Ryszard Krynicki y Stanislaw Baranczak, entre otros. Además, de haber recibido numerosos premios de la talla del Princesa de Asturias (2017), Heinrich Mann(2015), Neustadt (2003), su nombre resonó fuerte en los pasillos de la Academia Sueca como posible candidato al Nobel. Sería injusto no recordar a los dos Nobeles que tiene en su haber la lírica polaca: Czeslaw Milosz y Wislawa Szymborska.

Aunque sus primeros libros gozaron de una solidez y estética bien determinada desde sus comienzos, fue después de aquella  poesía emparentada con lo que él mismo denominó “poesía cívica”, de haber sufrido la censura de la Polonia comunista, de su autoexilio en Paris y EEUU y de su ensayo sobre el compromiso político de los escritores,  Solidarnosc i samotnosc (Solidaridad y soledad), que su poesía se fue volviendo estéticamente más independiente. Sin abandonar ese compromiso cívico, circunscribiéndolo al campo periodístico, afirmó en una entrevista: "la poesía está en otra parte, más allá de las inmediatas luchas partidistas, e incluso más allá de la rebelión, aun la más justificada, contra la tiranía”.

Despojado de tales circunstancias exteriores, con esa amalgama de sentido, de errancia, de misterio, de sueño perdido  el poeta construye luz, construye epifanía. Una poesía que une el arte con la música de las palabras: Seurat, Münter, Chardin, “quería escribir como Gustav Mahler componía”. Una poesía escrita con todos los lugares donde el poeta ha vivido, con nostalgia, desarraigo, fronteras divididas, maletas y territorios anexionados, observaciones históricas, filosóficas y lo más profundo de nuestra condición de humanos, “de como ser humanos”.  

 En su poesía hay un equilibro perfecto entre lo sublime y lo cotidiano expresado en un tono sereno. “Es una búsqueda de resplandor” como escribió en uno de sus poemas a propósito de la poesía.Su poesía clara, mística, por lo tanto atemporal, no deja de estar afianzada en su tradición y contemporaneidad. Para Zagajewski, la poesía ha de lograr una alquimia entre "ironía y éxtasis" y el poeta es alguien "consciente de la historia".

“Miles de los neoyorquinos, en una ola de terapia colectiva, arrancaban los versos del Adam Zagajewski  y los pegaban en los lugares de trabajo, en las calles o los enviaban vía Internet a sus cercanos”, cuenta Xavier Farré en su traducción: Tejido Múltiple, Adam Zagajewski, Tierra del fuego. Ocurrió un día después de los atentados del 11 de septiembre cuando su poema “Intenta celebrar el mundo mutilado” apareció publicado en la última página del The New Yorker.

Es el poeta que nos recuerda que mientras el horror sucedía en el mundo seguían existiendo los cuadros de Vermeer y la música de Bach.


Intenta celebrar el mundo mutilado.

Recuerda los largos días de junio  y las fresas silvestres,
las gotas de vino rosé.
Las ortigas, que con esmero cubrían
las fincas abandonadas de los exiliados.
Tienes que celebrar el mundo mutilado.
Miraba los yates y los barcos lujosos;
uno de ellos tenía un largo viaje por hacer,
 a otros les aguardaba sólo un vacío salado.
Viste a refugiados con rumbo a ninguna parte,
oíste a verdugos que cantaban con gozo .
Deberías celebrar el mundo mutilado.
Recuerda los momentos cuando estabais juntos
en una habitación blanca y se movió la cortina.
Vuelve en pensamientos al concierto, al estallar la música.
En otoño cogías bellotas en el parque y las hojas
se arremolinaban en las cicatrices de la tierra.
Celebra el mundo mutilado,
y la pluma gris que un tordo ha perdido,
y la luz delicada que yerra y desaparece y regresa.


El poema fue traducido del polaco por Clare Cavanagh y editado en Adam Zagajewski Without End. New and Selected Poems. Farrar, Straus and Girouoc Nueva York, 2002.



jueves, 26 de diciembre de 2019

ENRIQUE MOLINA, "ENTRE LOS GRANDES SECRETOS DEL SUEÑO"





DESCENSO AL OLVIDO

¡Oh!, he aquí los muertos, sentados,
inmóviles alrededor del Tiempo;
adorando su pálida, eterna hoguera,
extrañamente sombríos en su reunión solitaria
Ahí están, invadidos por mañanas mentidas;
poblados por húmedas músicas, por tenaces cigarras.
Sobre ellos el cierzo ha pesado, y sus gestos de antaño,
sus cuerpos de vapor,
se condensan de pronto en alargadas lluvias
No; no hables un idioma olvidado.
No pronuncies tu nombre.
Que no giren con letal lentitud la borrada, tormentosa
cabeza.
Que no te reconozcan sus huecos corazones comidos por
los pájaros.

LA VOLUPTUOSIDAD DE LAS AVES MIGRATORIAS

Tan lejos de la felicidad de las familias
Como la mendiga que riega los geranios con un líquido
fosforescente
Como los pies de la aventura sobre el nácar de lo
imprevisto
Nos amamos en la casa que corta todo lazo
Un lugar de hierros al rojo
Hierro de canciones de mar de náufrago de golpe de
sueños contra los arrecifes de cocina ennegrecidos
por el uso
y las lámparas colgando de los mástiles de la techumbre
Con el secreto de las aves migratorias y el viento que
provoca una sed inextinguible en esas cabezas de
fuego cercenadas sobre un haz de leña
Siempre rodeados de tentáculos marinos ramificados sobre
el lecho
Pues allí palpitaban como un diamante vivo todos los
espejismos del ocio
En esos pianos de la marea llenos de plantas oceánicas
cuyo perfume es la música de la nostalgia
y en una ampolla de cristal sobre el estrépito de los
muelles a cada partida licuaban su sangre las
reliquias de la noche venerada por los amantes
¡Oh Dios mío!
Demasiado feroces demasiado azuzados

13


Bien sé cómo es ella, secreta y perversa
como un ángel del bosque, se hunde
en mi sangre, canta en la noche
como un río que corre debajo de las piedras.
Pero lo que invoca, lo que rescata,
está más allá de la piedad de sus besos,
vasto como el sueño, tormentoso
como su cuerpo lascivo.
Lo que se alcanza de sus confesiones
desnuda los deseos, súplicas, un vuelo
hacia cuerpos solares en un cielo mortal.
El viento es tibio en sus cabellos,
en su garganta herida. Todo en ella
es insomne como su latido desdeñoso,
consagrado a las grandes singladuras de Ahab.
Nunca llegará donde la esperas, en una quemadura,
en un altar demente de memorias perdidas
o aves migratorias. Nunca llegará.
Cuando trae la bebida de los náufragos.
Se escurre
entre los grandes secretos de su sueño.


Enrique Molina (1910-1997) Poeta argentino, Pintor, Viajero incansable, aunque poco se haya estudiado su obra, es considerado por muchos como uno de los poetas más importantes de la lengua española.

En 1934, recién recibido de abogado se embarcó, tal vez, queriendo poner distancia con un entorno familiar que lo asfixiaba, aunque, mucho años después, una noche de 1989, en Madrid, Juan Malpartida le haya oído decir que la primera memoria que guardaba de la poesía era de su padre recitándole a Zorrilla y su música se le había quedado impregnada para siempre.

Molina hizo largas travesías durante seis o siete años trabajando como marino mercante en el Caribe y en Europa. Residió en España, Chile, Ecuador, Bolivia, Brasil, Perú. Fundó en 1952, con Aldo Pellegrini, la revista "A Partir de Cero". Identificado con las ideas y los fines del movimiento surrealista, fue uno de sus más destacados cultores, aunque en su obra no refleje el automatismo puro. “Toda mi obra está colocada bajo el signo del deseo, de la aventura y es una especie de desesperada acción de gracia por el esplendor tantalico del mundo”, dijo alguna vez.

Seguramente, por afinidad, Enrique Molina,  tradujo la edición de Visor de Poesía, "Prosa del Transiberiano" de Blaise Cendrars. También tradujo "Casanova, el anti-don Juan", de Felicien Marceau, "El amor loco", de Breton. y junto a Oliverio Girondo hizo una versión de "Una temporada en el infierno".

Su poesía está hecha de mares, naufragios, cuartos de hoteles, amantes vagabundos, espacios carcomidos por la naturaleza, erotismo y una avidez constante en estado de asombro. El cuerpo humano desborda, reverbera en geografías impensadas:“Mi brazo de mar no cabe en la cocina mi otra mano del Golfo de México tiene una fosforescencia de travesía y un garfio de estibador clavado en la palma y se abre como un  delta para derramar su reguero de luciérnagas y estremecimientos”.

Obra Poética: Las cosas y el delirio, 1941; Pasiones terrestres, 1946; Costumbres errantes o la redondez de la Tierra, 1951; Amantes antípodas, 1961, Fuego libre, 1962; Las bellas furias, 1966; Monzón Napalm, 1968; Los últimos soles, 1980. En 1966 realizó una antología de su obra en Hotel Pájaro y, en 1978 se conoció una edición de sus obras hasta entonces completas.


Premios: Gran Premio Fondo Nacional de las Arte, 1992; el Premio de Poesía Pérez Bonalde,1993 y Premio Konex de Platino en 1994.


Fuente consultada: Seminario: "Voces de la poesía latinoamericana" / Jorge Boccanera /  Universidad Nacional de San Martín.
Imagen: Collage de Enrique Molina


lunes, 11 de marzo de 2019

Jorge Luis Borges y su paso por el ultraísmo



ALDEA


Las esquilas reúnen la tristeza dispersa de los crepúsculos. El cielo está vacío.

Lápida de un silencio serio sobre el nihilismo ecuánime de la jornada.

Las fluviales lenguas frescas del viento lamen mis manos y mejillas.

En la barbería el reloj —sexagenario sistemático— sigue jugando al solitario con los minutos.

Ante la hipnosis rectilínea del caserío y curvilínea del camino y los montes, Sureda y yo somos las dos pirámides del pueblo. Culminantes sobre la democracia geométrica y encarrilada.

Apoyadas en la baranda nuestras manos tocan el piano de colores del paisaje.

En la caja del piano está enterrado Wagner. A veces se despierta y canta en la tumba. En la caja del cráneo saltan entonces crímenes crucifixiones golpes de estado pronunciamientos piras fornicios y pluralizados suicidios.

Hasta que nos estruja un flaco silencio sin entorchados ni estandartes.

Los acordes histrionizan las acumuladas angustias.

El aqueducto tiende su espinazo polvoriento de sol.

El trasnochador dejó dos palanganas llenas de sueño.

Los badajos ultiman otra jornada.

Los párpados picotean la madeja de viento y polvo.

El Sol que talaron los leñadores rueda a ras de los campos.

Las noches náufragas han tapado el aljibe.

Aguijoneando nuestro insomnio vuelan aureolas de nerviosos insectos.

Los árboles donde se diluye la fiebre del farol son árboles de teatro.

Durante la misa un perro menea la cola.

Incensario cuyo optimismo biológico asciende —único— a esa altitud azul donde reposa Dios
y cantan los pajaritos.




JORGE- LUIS BORGES
Revista Ultra, Año I, Número 2, Madrid febrero 1921




“Durante años y años Borges estuvo presente como un alto pino o un rosal cubierto de nieve / cuyo interior fuera un fuego impasible, una llama cristalizada,/ un vértigo nacido de la indescifrable condición del universo.”,  expresaba Enrique Molina en la primera parte de su poema Borges y reflejaba el sentimiento de muchos de los que seguimos leyendo a Borges.

Este poema lo escribió, Borges, cuando residía en Mallorca y, colaboraba con algunas frases en la novela "El caudillo", que estaba escribiendo su padre. Es por esos años que rompe "Psalmos rojos o Ritmos rojos” (colección de poemas -unos veinte en total- en verso libre y en homenaje a la revolución rusa (1918 y 1919). 
De regreso a Buenos Aires, además de escribir poemas ultraistas, firma su manifiesto, teoriza en artículos vehementes y junto a González Lanuza y Francisco Pinero, armados de tarros de goma y de brochas que aportaba su madre, caminaba a lo largo de millas, pegando en las calles Santa Fé, Callao, Entre Ríos y México, éste y otros poemas impresos en la hoja mural de "Prisma", según lo cuenta Emir Monegal, en su voluminosa biografía, Jorge Luis Borges, "A literary biography" (1987); aunque pronto abandonará el ultraísmo, considerando que éste había incurrido "en otra objetable retórica".




domingo, 28 de octubre de 2018

Ana Emilia Lahitte, "El pulso arduo de la belleza herida"



El secreto

Esta carne de amor que por mi culpa

habrá de transformarse en culpa nueva,
esta irremediable sombra tierna
que habrá de madurar en desconsuelo,
es todavía mía porque tiembla
y yo tiemblo por ella. Río y tiemblo,
mientras la muerte teje sus urdimbres
de sabia soledad.

Ah, cómo necesito conocerla

mirarla sin recelo, invitarla
a tenderse a mi lado y reemplazarme
en la vigilia maternal. Querría
ponerlo entre sus brazos, obligarla
a besarles los párpados dorados,
a amantar su sueño hasta que el alba
lo invadiese poco, mansamente.

Si él ya tiene su muerte, si ha traído

bajo la piel su estrella, su constancia,
¿por qué no frecuentar a quien lo habita
con más amor que tantos que en el mundo
habrán de abandonarlo?... Esta muerte
serena de mi hijo, será quien me releve
en la tarea delicada y terrible
de salvarlo de sí mismo, tal vez.

Cuanto ahora prepara su aleluya

es pulpa inevitable, destinada
a madurar el sol y disgregarlo
en surcos enterrados, poderosos.
Yo misma soy su muerte. Yo, que he dado
voluntad a su risa y a su llanto.
Yo, que invento sus rondas y no puedo,
sin embargo, jugar con su secreto.

(Madero y transparencia, 1962)



፨፨፨

Por favor,
quédate ahí.
Si te mueves puede regresar
el mundo


(de Insurrecciones, 2003)

፨፨፨፨

Ignoro si el amor es amante o amado.
   Sólo sé que le adeudo bellísimos infiernos.

፨፨፨፨


    las heridas son el mejor manuscrito.

፨፨፨፨


Él, no tuvo noción del inmenso dolor que ampararía.
     Él, no supo jamás que se llamaba Dios.

፨፨፨፨


Serán los niños quienes ajusticien
 los niños del espanto nuestra posteridad.



Ana Emilia Lahitte


Ana Emilia Lahitte (1921-2013). Poeta argentina, dramaturga, ensayista. Creó y dirigió por más de 20 años uno de los primeros talleres de poesía de la Argentina. Su obra fue recogida en numerosas antologías y traducida al inglés, francés, alemán, italiano y portugués. Aún, se le deben estudios profundos a su magnífica obra.
Deslumbran esos versos cortos, que lejos de limitar los poemas los abre a un espacio nuevo que reconocemos en lo más profundo de nuestra alma, acaso en donde somos más vulnerables, allí, en "El pulso arduo de la belleza herida" como ella, mejor que nadie, nombró a sus libros  "Los abismos" y "Los dioses oscuros" publicados en 1978 y 1989, respectivamente.

En un reportaje que le hizo Pablo Montanaro, a un año de la publicación de "Insurrecciones", señaló  "es algo así como un S.O.S. hacia adentro”, libro por el cual fue distinguida por Honorarte con “La Página de Oro”, máxima distinción de la institución a un escritor por su trayectoria literaria y aporte a la Cultura y se le entregó el premio “Letras de Oro”.

Los poemas de Ana Emilia Lahitte son estocadas diamantinas a nuestra egoica sombra, hebras de luz que fulguran en la intemperie de nuestra humanidad.

Algunos de sus libros: Sueño sin eco (1947), El muro de cristal (1952), La noche y otros poemas (1959), Madero y transparencia (1962), Al sur de marzo (1969), Los abismos (1979), Los dioses oscuros (1980), El tiempo, ese desierto demasiado extendido (1993), Summa de poemas, 1947-1997 (antología, 2001), Insurrecciones (2000), El padre muere (2006) y Gironsiglos (2006).

Algunos de sus premios : Pluma de Plata del PEN Club Internacional, Centro Argentino (1980), Pluma de Oro de la Fundación Argentina para la Poesía (1982 y 2001), Primer Premio Nacional de Poesía, Región Buenos Aires (1983), Premio Konex (1994), Premio de Poesía “Esteban Etcheverría”, de Gente de Letras (1999). En 2001, la Municipalidad de La Plata la designó Ciudadana Ilustre. 


La foto pertenece a su libro:" SUMMA" de poemas 1947- 1997,  con prólogo de Horacio Castillo.
Edición Homenaje,  Municipalidad de La Plata.



lunes, 3 de abril de 2017

Sylvia Plath



ESPEJO


Soy plateado y exacto. No tengo preconceptos.
Cuanto veo, lo trago inmediatamente
Tal cual es, sin empañar por amor o desagrado.
No soy cruel, sólo veraz:
Ojo de un pequeño dios, cuadrangular.
Casi todo el tiempo medito en la pared de enfrente.
Es rosada, con lunares. La he mirado tanto tiempo
Que creo que es parte de mi corazón. Pero fluctúa.
Las caras y la oscuridad nos separan una y otra vez.

Ahora soy un lago. Una mujer se inclina sobre mí,
Buscando en mi extensión lo que ella es en realidad.
Luego se vuelve hacia esas mentirosas, las bujías o la luna.
Veo su espalda y la reflejo fielmente.
Me recompensa con lágrimas y agitando las manos.
Soy importante para ella. Que viene y se va.
Todas las mañanas su cara reemplaza la oscuridad.
En mí ella ahogó a una muchachita y en mí una vieja
Se alza hacia ella día tras día, como un pez feroz.



FILO es el último poema

La mujer alcanzó la perfección.
Su cuerpo

muerto muestra la sonrisa de realización;
La apariencia de una necesidad griega

fluye por los pergaminos de su toga;
sus pies

desnudos parecen decir:
hasta aquí hemos llegado, se acabó.

Los niños muertos, ovillados, blancas serpientes,
uno a cada pequeña

jarra de leche, ahora vacía.
Ella los ha plegado

de nuevo hacia su cuerpo; así los pétalos
de una rosa cerrada, cuando el jardín

se envara y los olores sangran
de las dulces gargantas profundas de la flor de la noche.

La luna no tiene por qué entristecerse,
mirando con fijeza desde su capucha de hueso.

Está acostumbrada a este tipo de cosas.
Sus negros crujen y se arrastran.

Traducción del poema: Jordi Doce

Silvia Plath nació en Boston, Massachussets, Estados Unidos, el 27 de octubre de 1932. 
Es una de las voces claves de la poesía del siglo XX, considerada por algunos críticos una exponente de la poesía confesional. Los elementos biográficos están plenamente transmutados por la función universalizadora del mito; su apertura al inconsciente alcanzó un extraordinario desarrollo. Todos, como Silvia Plath, tenemos ese grito sofocado en algún lugar de nuestro interior, pero sólo un gran poeta, un gran creador, puede ir hacia él y tornarlo sinfonía. Con su talento y un total dominio de la lengua, abordó lo que hay de existencial en el padecer de la vida.
No hay, como en el caso de Vallejos o Varela, una interpelación a Dios, hay un adentrarse en las sombras del psiquismo, una renuncia al hilo de Ariadna que podría rescatarla de la muerte, pero no del sufrimiento. 
Su poesía se caracteriza por sus brillantes metáforas y "por convertir el horror en belleza", como bien dice Maria Julia De Ruschi Crespo en el prólogo de la colección “Los Grandes Poetas”.

Su obra: El coloso (1960), Ariel (1965) considerado como su mejor libro de poemas que, al igual que la poesía posterior publicada después de su suicidio, refleja una obsesión creciente por la muerte. Poemas completos, que ganó el Premio Pulitzer en 1982, fue editado por su marido en 1981.
La campana de cristal (1963), novela que publicó con el seudónimo de Victoria Lewis.
Su correspondencia: Cartas a casa, 1950-1963, preparada por su madre se publica en 1975. Otras obras, publicadas póstumamente, son Cruzando el agua (1971) y Árboles de invierno (1972), ambos libros de poesía, y Johnny Panic y la Biblia de sueños, libro de cuentos.
El 11 de septiembre de 1963 se suicidó.


lunes, 25 de julio de 2016

Blanca Varela: "Un signo, un conjuro frente, contra y hacia el mundo, una piedra negra tatuada por el fuego y la sal, el tiempo, la soledad".



Palabra para un canto

“Yace aquí,
entre tumbas sin nombre,
escrito en el harapo deslumbrante,
roja estrella en el fondo del cántaro.
Por el mismo camino del árbol y la nube,
ambulando en el círculo roído por la luz y el tiempo.
¿De qué perdida claridad venimos?”.


CANTO VILLANO

y de pronto la vida
en mi plato de pobre
un magro trozo de celeste cerdo
aquí en mi plato
observarme
observarte
o matar una mosca sin malicia
aniquilar la luz
o hacerla
hacerla
como quien abre los ojos y elige
un cielo rebosante
en el plato vacío
rubens cebollas lágrimas
más rubens más cebollas
más lágrimas
tantas historias
negros indigeribles milagros
y la estrella de oriente
emparedada
y el hueso del amor
tan roído y tan duro
brillando en otro plato
este hambre propio
existe
es la gana del alma
que es el cuerpo
es la rosa de grasa
que envejece
en su cielo de carne
mea culpa ojo turbio
mea culpa negro bocado
mea culpa divina náusea
no hay otro aquí
en este plato vacío
sino yo
devorando mis ojos
y los tuyos


Juego amoroso


Las manos a la altura del aire
a dos o tres centímetros del vacío
no se mirará nada preciso
la polvareda que pasa
el inesperado cortejo de plumas
arrancadas al vuelo
la nubecilla rosada y tonta
que ya no es
el cierraojos y el ábrelos
en la breve opacidad
de una luz que no se ve
y el sueño pies de goma
y azules y brillantes
las estrellas
rientes
párpado sobre párpado
labio contra labio
piel demorada sobre otra
llagada y reluciente
hogueras
eso haremos a solas.

Blanca Varela (1926-2009)

Blanca Varela nació en Perú en 1926 y es una de las poetas mayores de la lengua castellana, de la segunda mitad del siglo pasado. Se la ha relacionado con el surrealismo y con el existencialismo de Sartre. Su poesía es visceral, ascética, despojada de adjetivos. Cada palabra cruza en nuestro intelecto como un rayo que nos traspasa, nos arroja un carbón encendido que se hace llama en nuestra alma.
Su primer libro, “Ese puerto existe” fue antologado por Octavio Paz quien dijera de ella: …“Blanca Varela es una poetisa que no se complace en sus hallazgos ni se embriaga con su canto. Con el instinto del verdadero poeta sabe callarse a tiempo. Su poesía no explica ni razona. Tampoco es una confidencia. Es un signo, un conjuro frente, contra y hacia el mundo, una piedra negra tatuada por el fuego y la sal, el tiempo, la soledad. Y, también, una exploración de la propia conciencia
Su poética es abrasiva, sin concesiones, con constantes referencias al mundo visual.

Obra: Luz del día (1963), Valses y otras falsas confesiones (1972), Canto villano (1978), Camino a Babel (1986), Ejercicios materiales (1993), El libro de barro (1993), Poesía escogida (1993) y Del orden de las cosas (1993). Bajo el título Canto villano (1986) recopiló su obra poética desde 1949 a 1983. Sus más recientes títulos son Concierto animal (1999) y la antología Donde todo termina abre las alas: poesía reunida 1949-2000 (2001) componen el resto de su obra.

En circunstancia de la entrega del Premio Sofía de Poesía Iberoamericana, Antonio Gamoneda expresó: “lo que muestra Varela es un brote existencial que se produce a través de un lenguaje impredecible. Dicho de otra manera, su poesía es muy distinta a la que en España en estos momentos es hegemónica, la que utiliza un lenguaje normalizado y realista, que no hace avanzar la tradición
Obtuvo el Premio Octavio Paz de Poesía y Ensayo en el año 2001, el Premio Ciudad de Granada 2006, el Premio Internacional de Poesía Ciudad de Granada Federico García Lorca (primera mujer en obtener tal distinción) y Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 2007.
Sus obras han sido traducidas al alemán, francés, inglés, italiano, portugués y ruso e innumerables estudios se han realizado sobre su obra y seguirán haciéndose, llevando la poesía de Blanca Varela al lugar de privilegio que le corresponde dentro de la literatura universal.